
martes, 21 de junio de 2011
WILLY

martes, 24 de mayo de 2011
EL SALUDO DE LUISA

Como todos los días, Luisa se sentó en la puerta de su casa y saludó contenta a las personas que pasaban en el colectivo. Muchos levantaban la mano, otros dejaban escapar una sonrisa, había quienes solían mover sus cabezas como símbolo de una respuesta al brazo levantado. Estaban también aquellos que indiferentes clavaban sus miradas en aquella imagen u otros que giraban sus cabezas haciéndose los desentendidos.
Su mamá solía despertarla temprano y Luisa, que esperaba ansiosa llevar su silla a la vereda, se preparaba como para ir a una fiesta: ropa bien planchada, zapatos brillosos, pelo estirado lo más firmemente posible y un moño de color rosa que sujetaba su cabello.
El ritual comenzaba después del desayuno y le tomaba todo el tiempo que transcurría hasta la hora del almuerzo. Desde que terminaba la comida hasta que su madre le daba una señal de aceptación a su salida diaria, Luisa caminaba impaciente por toda la casa y ensayaba poses y caras con las que luego saludaría.
Ella sabía muy bien que cuando la aguja más chica del reloj de la cocina llegaba al cuatro y la grande al doce, era momento de acercarse a la puerta, llevando consigo su silla, y hacer algún ruido para que su mamá se acerque y gire la llave que cuelga de la puerta, le dé un beso y la mire salir. Así es todas las tardes.
La mamá de Luisa es una mujer alta, no tanto como hace algunos años, es amable, siempre con buen humor, pero su rostro refleja el tiempo, el cansancio y una larga vida al cuidado de su hija. Nunca se impacienta, nadie jamás la escuchó levantar la voz, mucho menos explayar una negativa ante los pedidos de su hija, una gigante niña de 30 años que comenzó a hablar cuando a penas había cumplido 22, pero para quien el tiempo se detuvo unos pocos meses después de haber cumplido cinco años.
(del libro “Situaciones”)
jueves, 19 de mayo de 2011
INMOVIL

Hacía horas que se escuchaba la radio y el perro que ladraba insistente. Las luces seguían apagadas aunque la tarde ya había caído. Nadie se acercó porque a nadie podía parecerle extraña esta situación.
Deben haber pasado, por lo menos, dos horas cuando escuché pasos en el patio, seguramente Margarita estaba descolgando la ropa, solía hacerlo todas las tardes, más o menos, a esa hora. Intenté llamarla, pero algo impedía que mi voz pronunciara alguna palabra. Fue raro que no me pidiera que encienda la luz, seguramente creyó que estaba durmiendo o, tal vez, aún no estaba tan oscuro.
Desde mi posición podía escuchar varias cosas. El vecino le gritó al perro que seguía con su ladrido, creo que hacía unos minutos que perseguía a un gato, no sé muy bien, de eso no decía nada, aunque sí lo retaba por el desorden que parece había provocado.
No sé cuánto tiempo habría pasado, ya hacía rato que había perdido la noción del tiempo y seguramente estaba dormido porque de repente sentí la puerta del pasillo y el perro que otra vez corría y ladraba, y fue como despertar. Era evidente que alguien había llegado. Escuché voces que se acercaban, la voz de Margarita era una. El comportamiento del perro no era el habitual de cuando llega alguien conocido. Pensé en el jardinero o el albañil, pero también supuse que la hora no era la adecuada para que esas personas llegaran.
Estaban en el patio, o entrando. Una vez más intenté llamar a Margarita, pero mi voz seguía como antes, no emitía sonido.
De repente se abrió la puerta, todo era oscuridad asíque no podía más que escuchar. Sentí una mano en mi cara, dos dedos fríos en el cuello, vi una luz en mi ojo derecho, luego en el izquierdo y una voz que dijo: “lo vamos a tener que llevar”.
domingo, 15 de mayo de 2011
MONTEROS
Melancolías pasadas,
Olores y sabores
Nutridos por el tiempo.
Tengo en mi memoria
Enormes emociones
Regadas de colores que
Oprimen en mi alma
Secretos que se escapan.
Tierra de añoranza
Unica en recuerdos
Como una esperanza que
Une a mis entrañas
Más que una mirada,
Ansias de palabras,
Nostalgias de algún tiempo.
domingo, 1 de mayo de 2011
SILENCIO!

silencio!
que hay poetas
que hablan de tristezas,
de inquietantes soledades
que desbordan en el alma
de alguna mujercita
a orilla de algún río
cargado de nostalgias
de un lejano tiempo
que remonta a niñerías
o a la luz de aquella luna
que invita al desconsuelo
de la repentina pérdida
del amor o de la vida
o a la desventura
del recuerdo de los ojos,
de una mirada,
de varios suspiros,
de una extraviada pasión alocada
que conduce sin calma
al fatídico destino.
CUANDO TE VEO

Cuando te veo
empiezo a sentir
que soy tan pequeño en el mundo
y lo poco que puedo entender
del misterio escondido,
del silencio instalado
en tu alma.
Y es mi sentir
a la vez tan extraño
que sólo al mirarte
se posa en mis ojos
la extraña esperanza
de lograr encender
tu curiosa mirada
de mujer.
Y surge en mis sueños
el anhelo de ser
tan sólo un instante
de algún amanecer,
o el recuerdo surgente
en el silencio
de un atardecer
cargado de oquedad
o ser el propio final
de esa soledad
que hunde
en un sórdido mundo
que se hace cada vez
más profundo
y más esquivo
de la vida.
sábado, 30 de abril de 2011
NOTICIAS

Nunca me costó tanto llegar a destino, pero parece que al destino no se le complica abordarme cuando lo cree necesario.
Llegué a Córdoba por casualidad, la ruta era maravillosa, el clima acompañaba mi andar, pero no siempre todo es perfecto y las máquinas suelen fallar tanto como los hombres.
Creo que faltaban pocos minutos para el mediodía cuando tuve la necesidad de consultar a un entendido en el tema, no fue tarea sencilla buscar un mecánico en una inmensa ciudad en la cual jamás había estado antes, era como, quien dice, buscar una aguja en un pajar.
Si hay algo que aprendí viajando es que preguntando siempre se llega y fue así, pregunta a uno y otro, unas cuantas vueltas por calles desconocidas, más preguntas, “buen día señor”, “disculpe señora”, “eh, muchacho”, uf cuantas vueltas para encontrar un lugar que no sabemos en dónde queda. Finalmente di con la persona indicada.
Gustavo aseguró que el problema podría variar de leve a grave, pero para saberlo tendría que desarmar algunas cosas, para ello no menos de dos días serían necesarios. De aquí en más es una cuestión de confianza ciega, dejar el auto en un lugar desconocido con el aliciente de venir de una ciudad aturdida con la inseguridad y la desconfianza. ¿Cuál es la otra opción? No hay otra opción, es esta la única que hay y no queda más que tomarla.
La primera noche fue terrible, no se puede dejar de pensar en lo que podría suceder. La imaginación y las situaciones posibles empiezan a circular, no sólo en mi cabeza, todo aquel que sabe y se entera de los hechos también pone su cuota. Las pocas horas dormidas son invadidas por sueños bastante sugestivos: robos, incendios, choques, destrucción total, el seguro no responde…
Así y todo por la mañana me encargo de conseguir un mapa y recorrer los puntos más destacados de la ciudad: museos, ruinas, bares, edificios emblemáticos, iglesias. Aunque, en todo momento, sigue presente, como un recuerdo recurrente, cuál será la relación de Gustavo (?) y el auto, si es que éste último aún existe, si es que en el momento oportuno, y luego de tantas vueltas, encuentro el camino por dónde llegar a encontrarlo. No suele ser sencillo, de hecho no lo fue, como dije antes, cada persona que se entera de la realidad aporta un nuevo miedo a mis días, y entonces llegan las preguntas y las supuestas y posibles situaciones.
Gustavo me dio una tarjeta con sus datos, me dibujó un croquis de cómo llegar al taller, me anotó qué colectivo me lleva hasta la esquina de su casa. La desconfianza generada por los nuevos y los viejos conocidos es proporcionalmente creciente a medida que transcurren las horas y los comentarios. Y si entonces los datos de la tarjeta son falsos, y si tomo el colectivo indicado y nunca encuentro el taller, y si llego al lugar y ya no hay ni auto, ni taller, ni Gustavo trabajando, y si y si y si…
De todas maneras oculto mi ansiedad y dejo pasar el tiempo estipulado. A la mañana siguiente pregunto en dónde es la parada. Entonces, por la tarde, como habíamos quedado, me subo al colectivo, me siento en el anteúltimo asiento del lado de la ventanilla, observo cada detalle del viaje, intento reconocer casas, esquinas, negocios y simultáneamente pienso las posibles reacciones si se cumpliera alguna de las situaciones pensadas anteriormente. Me acerco cada tanto al chofer y le pregunto por la dirección, que si falta mucho, que si es el transporte correcto, que por favor me avise y mientras tanto se oscurece la zona y veo cada vez menos y los temores asechan cada vez más y se me vienen a la cabeza los noticieros, los carteles rojos de Crónica, y robos y asaltos y asesinatos, y vuelvo a acercarme al chofer, ya con miedo de haberme pasado, pero no, me dice que en la parada siguiente.
Bajo del colectivo, camino hasta la esquina, cruzo, estoy a media cuadra, sale una luz desde el taller, se refleja en la vereda. Gustavo está allí afuera, me ve venir, entra al taller. “Todos mis miedos se hacen realidad”, pienso. Miro para todos lados, observo hacia dónde voy a ir, a quién le voy a pedir ayuda, vuelven Crónica y TN y C5N y música de flash y hasta escucho al locutor diciendo la noticia. Me paro en la puerta del taller, el sudor me corre ya por el cuerpo, de repente aparece Gustavo.
“Hola”, me saluda, me estrecha su mano, “lo tuyo está listo”, afirma. Me dice cuánto es, saca el auto, me entrega las llaves y en 15 minutos estaba otra vez en la ruta. “Y así vivimos, siempre creyendo en lo que dicen las noticias”, reflexioné.
jueves, 10 de marzo de 2011

Después de un tiempo
se olvidan las voces,
se escapan las miradas,
se desvanecen los rostros
de aquellos que ya han partido,
mas el recuerdo y los sentidos
escarban incesantes
buscando el último destello,
el fin de la existencia,
la esencia primordial.
Y de repente
vuelven las palabras
y golpean desesperadas
y no puedo evitar sentir
que recupero del olvido
cada mirada,
cada caricia.
ERRANTESAndan las nubes
como mis pensamientos.
Son los caminos
como mi soledad.
Corre el río
y lleva un murmullo
como nuevas palabras
que se me desprenden
por antiguas penas que renacen,
como ancestrales luchas que regresan
por viejos lamentos
que vuelven por las mismas calles
que son como la soledad
de mis pensamientos.
sábado, 25 de septiembre de 2010
LLUEVE

Esta lluvia me habla de una verdad,
el recuerdo de una mirada,
la nostalgia de varias palabras
y la melodía de una copla
que dice tu nombre
sin decir, al fin,
cuál es el nombre
que quisiera recordar.
Una nueva lluvia
viene a buscar
una mirada fresca,
sin temores del pasado,
sin rumores de dolor
ni un solo ruido de soledad.
Es esta misma lluvia
que cae sin pausa,
que cae con prisa,
que cae y golpea
en la memoria,
en la verdad
de una mirada
que guardo y recuerdo,
que recuerdo y temo guardar.
domingo, 5 de septiembre de 2010

Últimamente
ando pensando
que pensar detenidamente
me desespera.
Es tal vez el miedo
de pensar
lo que nadie quiere
o el terror
de querer ver
más allá
de lo que podré ver alguna vez.
A veces pensar
me hace pensar
que debo dejar de hacerlo.
Últimamente
ando pensando
que una sonrisa
puede ocultar
lo que poco dicen
algunas
pocas
palabras
que intentan escapar a la verdad
para ocultarse
detrás de la esperanza ajena.
Últimamente
ando pensando
que volverán a asomarse
algunas miradas
que tiempo atrás
me observaban fugazmente.


Y si negamos espacio al desconsuelo,
si decimos que no a la tristeza,
tal vez la vida se nos llene
de instantes de luz y de alegría.
No será cierta la mirada
del que no lance en su decir
más que palabras,
y será como un suspiro,
como el instante desdeñado
de quien quiere escapar de la rutina.
A dónde fueron a parar,
sin dejar que las encuentre,
aquellas vacías palabras
que sólo reflejaban
la desarmonía del alma.
Por qué será tan breve lo bueno,
por qué tan prolongado el ocaso
si todavía no comprendo
cuánta esperanza, cuánto silencios
quedan aún por caminar.
domingo, 27 de junio de 2010
ULTIMO DIA
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