martes, 21 de junio de 2011

WILLY


Willy suele estar contento, así lo manifiesta constantemente: cuando le sirven la merienda, cuando le dan un lápiz para dibujar.
Cada vez que le preguntan, sin dudar, él afirma “¡estoy contento!”, y debo aclarar que todo esto desde mucho antes que algún jugador de fútbol hubiera protagonizado cualquier publicidad.
A Willy le gustan las revistas, sobre todo las que traen imágenes de autos y modelos. Él siempre pide revistas, puede pasar horas hojeándolas y cada vez que se asombra con algo lo anuncia, más aún cuando predomina el rojo en las imágenes, porque a Willy le encanta el color rojo, los autos rojos, los vestidos rojos, los zapatos rojos, las remeras rojas y sin embargo no es de independiente!
Willy tiene mamá, dos hermanos y un sobrino, a veces no sé muy bien si él sabe que los tiene. Su mamá siempre lo lleva del brazo porque él tiene algunas dificultades para andar, aunque muchas veces va y viene solo, mucho más cuando persigue a los tantos chiquitos que lo buscan para jugar y aunque Willy tiene casi 30 años, disfruta de esas correrías.
A veces me pregunto qué será de Willy en algún tiempo, qué pasará cuando Rita ya no pueda cuidarlo o ayudarlo en sus tareas cotidianas. A veces también me pregunto qué sentirá Rita al respecto.
Hoy, sin embargo, prefiero escuchar a Willy que con una gran sonrisa vuelve a soltar al viento esas lindas palabras para dejar en claro que no es más que un niño feliz, más allá de cualquier dificultad.

en "Sie7e Historias que buscan ser leídas" (2012)

martes, 24 de mayo de 2011

EL SALUDO DE LUISA

Como todos los días, Luisa se sentó en la puerta de su casa y saludó contenta a las personas que pasaban en el colectivo. Muchos levantaban la mano, otros dejaban escapar una sonrisa, había quienes solían mover sus cabezas como símbolo de una respuesta al brazo levantado. Estaban también aquellos que indiferentes clavaban sus miradas en aquella imagen u otros que giraban sus cabezas haciéndose los desentendidos.

Su mamá solía despertarla temprano y Luisa, que esperaba ansiosa llevar su silla a la vereda, se preparaba como para ir a una fiesta: ropa bien planchada, zapatos brillosos, pelo estirado lo más firmemente posible y un moño de color rosa que sujetaba su cabello.

El ritual comenzaba después del desayuno y le tomaba todo el tiempo que transcurría hasta la hora del almuerzo. Desde que terminaba la comida hasta que su madre le daba una señal de aceptación a su salida diaria, Luisa caminaba impaciente por toda la casa y ensayaba poses y caras con las que luego saludaría.

Ella sabía muy bien que cuando la aguja más chica del reloj de la cocina llegaba al cuatro y la grande al doce, era momento de acercarse a la puerta, llevando consigo su silla, y hacer algún ruido para que su mamá se acerque y gire la llave que cuelga de la puerta, le dé un beso y la mire salir. Así es todas las tardes.

La mamá de Luisa es una mujer alta, no tanto como hace algunos años, es amable, siempre con buen humor, pero su rostro refleja el tiempo, el cansancio y una larga vida al cuidado de su hija. Nunca se impacienta, nadie jamás la escuchó levantar la voz, mucho menos explayar una negativa ante los pedidos de su hija, una gigante niña de 30 años que comenzó a hablar cuando a penas había cumplido 22, pero para quien el tiempo se detuvo unos pocos meses después de haber cumplido cinco años.

(del libro “Situaciones”)

jueves, 19 de mayo de 2011

INMOVIL


Hacía horas que se escuchaba la radio y el perro que ladraba insistente. Las luces seguían apagadas aunque la tarde ya había caído. Nadie se acercó porque a nadie podía parecerle extraña esta situación.

Deben haber pasado, por lo menos, dos horas cuando escuché pasos en el patio, seguramente Margarita estaba descolgando la ropa, solía hacerlo todas las tardes, más o menos, a esa hora. Intenté llamarla, pero algo impedía que mi voz pronunciara alguna palabra. Fue raro que no me pidiera que encienda la luz, seguramente creyó que estaba durmiendo o, tal vez, aún no estaba tan oscuro.

Desde mi posición podía escuchar varias cosas. El vecino le gritó al perro que seguía con su ladrido, creo que hacía unos minutos que perseguía a un gato, no sé muy bien, de eso no decía nada, aunque sí lo retaba por el desorden que parece había provocado.

No sé cuánto tiempo habría pasado, ya hacía rato que había perdido la noción del tiempo y seguramente estaba dormido porque de repente sentí la puerta del pasillo y el perro que otra vez corría y ladraba, y fue como despertar. Era evidente que alguien había llegado. Escuché voces que se acercaban, la voz de Margarita era una. El comportamiento del perro no era el habitual de cuando llega alguien conocido. Pensé en el jardinero o el albañil, pero también supuse que la hora no era la adecuada para que esas personas llegaran.

Estaban en el patio, o entrando. Una vez más intenté llamar a Margarita, pero mi voz seguía como antes, no emitía sonido.

De repente se abrió la puerta, todo era oscuridad asíque no podía más que escuchar. Sentí una mano en mi cara, dos dedos fríos en el cuello, vi una luz en mi ojo derecho, luego en el izquierdo y una voz que dijo: “lo vamos a tener que llevar”.

domingo, 15 de mayo de 2011

MONTEROS


Melancolías pasadas,

Olores y sabores

Nutridos por el tiempo.

Tengo en mi memoria

Enormes emociones

Regadas de colores que

Oprimen en mi alma

Secretos que se escapan.

Tierra de añoranza

Unica en recuerdos

Como una esperanza que

Une a mis entrañas

Más que una mirada,

Ansias de palabras,

Nostalgias de algún tiempo.

domingo, 1 de mayo de 2011

SILENCIO!


silencio!

que hay poetas

que hablan de tristezas,

de inquietantes soledades

que desbordan en el alma

de alguna mujercita

a orilla de algún río

cargado de nostalgias

de un lejano tiempo

que remonta a niñerías

o a la luz de aquella luna

que invita al desconsuelo

de la repentina pérdida

del amor o de la vida

o a la desventura

del recuerdo de los ojos,

de una mirada,

de varios suspiros,

de una extraviada pasión alocada

que conduce sin calma

al fatídico destino.

CUANDO TE VEO


Cuando te veo

empiezo a sentir

que soy tan pequeño en el mundo

y lo poco que puedo entender

del misterio escondido,

del silencio instalado

en tu alma.

Y es mi sentir

a la vez tan extraño

que sólo al mirarte

se posa en mis ojos

la extraña esperanza

de lograr encender

tu curiosa mirada

de mujer.

Y surge en mis sueños

el anhelo de ser

tan sólo un instante

de algún amanecer,

o el recuerdo surgente

en el silencio

de un atardecer

cargado de oquedad

o ser el propio final

de esa soledad

que hunde

en un sórdido mundo

que se hace cada vez

más profundo

y más esquivo

de la vida.

sábado, 30 de abril de 2011

NOTICIAS

Nunca me costó tanto llegar a destino, pero parece que al destino no se le complica abordarme cuando lo cree necesario.

Llegué a Córdoba por casualidad, la ruta era maravillosa, el clima acompañaba mi andar, pero no siempre todo es perfecto y las máquinas suelen fallar tanto como los hombres.

Creo que faltaban pocos minutos para el mediodía cuando tuve la necesidad de consultar a un entendido en el tema, no fue tarea sencilla buscar un mecánico en una inmensa ciudad en la cual jamás había estado antes, era como, quien dice, buscar una aguja en un pajar.

Si hay algo que aprendí viajando es que preguntando siempre se llega y fue así, pregunta a uno y otro, unas cuantas vueltas por calles desconocidas, más preguntas, “buen día señor”, “disculpe señora”, “eh, muchacho”, uf cuantas vueltas para encontrar un lugar que no sabemos en dónde queda. Finalmente di con la persona indicada.

Gustavo aseguró que el problema podría variar de leve a grave, pero para saberlo tendría que desarmar algunas cosas, para ello no menos de dos días serían necesarios. De aquí en más es una cuestión de confianza ciega, dejar el auto en un lugar desconocido con el aliciente de venir de una ciudad aturdida con la inseguridad y la desconfianza. ¿Cuál es la otra opción? No hay otra opción, es esta la única que hay y no queda más que tomarla.

La primera noche fue terrible, no se puede dejar de pensar en lo que podría suceder. La imaginación y las situaciones posibles empiezan a circular, no sólo en mi cabeza, todo aquel que sabe y se entera de los hechos también pone su cuota. Las pocas horas dormidas son invadidas por sueños bastante sugestivos: robos, incendios, choques, destrucción total, el seguro no responde…

Así y todo por la mañana me encargo de conseguir un mapa y recorrer los puntos más destacados de la ciudad: museos, ruinas, bares, edificios emblemáticos, iglesias. Aunque, en todo momento, sigue presente, como un recuerdo recurrente, cuál será la relación de Gustavo (?) y el auto, si es que éste último aún existe, si es que en el momento oportuno, y luego de tantas vueltas, encuentro el camino por dónde llegar a encontrarlo. No suele ser sencillo, de hecho no lo fue, como dije antes, cada persona que se entera de la realidad aporta un nuevo miedo a mis días, y entonces llegan las preguntas y las supuestas y posibles situaciones.

Gustavo me dio una tarjeta con sus datos, me dibujó un croquis de cómo llegar al taller, me anotó qué colectivo me lleva hasta la esquina de su casa. La desconfianza generada por los nuevos y los viejos conocidos es proporcionalmente creciente a medida que transcurren las horas y los comentarios. Y si entonces los datos de la tarjeta son falsos, y si tomo el colectivo indicado y nunca encuentro el taller, y si llego al lugar y ya no hay ni auto, ni taller, ni Gustavo trabajando, y si y si y si…

De todas maneras oculto mi ansiedad y dejo pasar el tiempo estipulado. A la mañana siguiente pregunto en dónde es la parada. Entonces, por la tarde, como habíamos quedado, me subo al colectivo, me siento en el anteúltimo asiento del lado de la ventanilla, observo cada detalle del viaje, intento reconocer casas, esquinas, negocios y simultáneamente pienso las posibles reacciones si se cumpliera alguna de las situaciones pensadas anteriormente. Me acerco cada tanto al chofer y le pregunto por la dirección, que si falta mucho, que si es el transporte correcto, que por favor me avise y mientras tanto se oscurece la zona y veo cada vez menos y los temores asechan cada vez más y se me vienen a la cabeza los noticieros, los carteles rojos de Crónica, y robos y asaltos y asesinatos, y vuelvo a acercarme al chofer, ya con miedo de haberme pasado, pero no, me dice que en la parada siguiente.

Bajo del colectivo, camino hasta la esquina, cruzo, estoy a media cuadra, sale una luz desde el taller, se refleja en la vereda. Gustavo está allí afuera, me ve venir, entra al taller. “Todos mis miedos se hacen realidad”, pienso. Miro para todos lados, observo hacia dónde voy a ir, a quién le voy a pedir ayuda, vuelven Crónica y TN y C5N y música de flash y hasta escucho al locutor diciendo la noticia. Me paro en la puerta del taller, el sudor me corre ya por el cuerpo, de repente aparece Gustavo.

“Hola”, me saluda, me estrecha su mano, “lo tuyo está listo”, afirma. Me dice cuánto es, saca el auto, me entrega las llaves y en 15 minutos estaba otra vez en la ruta. “Y así vivimos, siempre creyendo en lo que dicen las noticias”, reflexioné.

jueves, 10 de marzo de 2011


Después de un tiempo

se olvidan las voces,

se escapan las miradas,

se desvanecen los rostros

de aquellos que ya han partido,

mas el recuerdo y los sentidos

escarban incesantes

buscando el último destello,

el fin de la existencia,

la esencia primordial.

Y de repente

vuelven las palabras

y golpean desesperadas

y no puedo evitar sentir

que recupero del olvido

cada mirada,

cada caricia.

ERRANTES

Andan las nubes

como mis pensamientos.

Son los caminos

como mi soledad.

Corre el río

y lleva un murmullo

como nuevas palabras

que se me desprenden

por antiguas penas que renacen,

como ancestrales luchas que regresan

por viejos lamentos

que vuelven por las mismas calles

que son como la soledad

de mis pensamientos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

LLUEVE


Esta lluvia me habla de una verdad,

el recuerdo de una mirada,

la nostalgia de varias palabras

y la melodía de una copla

que dice tu nombre

sin decir, al fin,

cuál es el nombre

que quisiera recordar.

Una nueva lluvia

viene a buscar

una mirada fresca,

sin temores del pasado,

sin rumores de dolor

ni un solo ruido de soledad.

Es esta misma lluvia

que cae sin pausa,

que cae con prisa,

que cae y golpea

en la memoria,

en la verdad

de una mirada

que guardo y recuerdo,

que recuerdo y temo guardar.

domingo, 5 de septiembre de 2010

ULTIMAMENTE


Últimamente

ando pensando

que pensar detenidamente

me desespera.

Es tal vez el miedo

de pensar

lo que nadie quiere

o el terror

de querer ver

más allá

de lo que podré ver alguna vez.

A veces pensar

me hace pensar

que debo dejar de hacerlo.

Últimamente

ando pensando

que una sonrisa

puede ocultar

lo que poco dicen

algunas

pocas

palabras

que intentan escapar a la verdad

para ocultarse

detrás de la esperanza ajena.

Últimamente

ando pensando

que volverán a asomarse

algunas miradas

que tiempo atrás

me observaban fugazmente.


OLVIDO


La ciudad oculta
un sentimiento de nostalgia
de tiempos perdidos
en la ausencia de palabras
que alguna vez
fueron calladas,
silenciadas
por el cruel puñal
que aún permanece impune.
La gente en la ciudad
suele, cada tanto,
olvidar lo ya mil veces olvidado.
Hay algunos que miran
sin mirar
y quienes caminan
sin saber
hacia dónde
caminan.
Otros se detienen
sin determinar aún
para qué lo hacen.
Es que en la ciudad
la gente se oculta
de ese extraño ejercicio
que requiere la memoria
y olvida lo que nunca debería olvidarse.

El espacio que me separa de tu cuerpo.

La mirada que resiste la ceguera.

Las manos que desean atraparte.

Los labios que aún saben a vos.

Las palabras que te siguen escribiendo

aún ante la ausencia y el silencio.

Y si negamos espacio al desconsuelo,

si decimos que no a la tristeza,

tal vez la vida se nos llene

de instantes de luz y de alegría.

No será cierta la mirada

del que no lance en su decir

más que palabras,

y será como un suspiro,

como el instante desdeñado

de quien quiere escapar de la rutina.

A dónde fueron a parar,

sin dejar que las encuentre,

aquellas vacías palabras

que sólo reflejaban

la desarmonía del alma.

Por qué será tan breve lo bueno,

por qué tan prolongado el ocaso

si todavía no comprendo

cuánta esperanza, cuánto silencios

quedan aún por caminar.

domingo, 27 de junio de 2010

ULTIMO DIA


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Aquella mañana me desperté tarde, pero sin apuros preparé mis cosas, busqué la ropa que me pondría, me di una ducha rápida y fui a almorzar a la casa de mamá, como todos los lunes. No podré olvidar ese momento, no me di cuenta, pero después de lo sucedido quedó grabado en mi memoria ese instante, al igual que otros de ese mismo día.
Tal vez hacía meses que no lo veía con ganas de hacer cosas, esa misma mañana se ofreció a ir a la panadería, me avisó que volvía en seguida para que esperara el pan y fue así, creo que no debe haber demorado más de dos o tres minutos. También resuenan en mis oídos cuando mamá le dijo que le habían dado mal el vuelto. Esa tarde recordé estos momentos, no sabía bien por qué.
Los minutos se pasaron, mientras miraba la tele intentaba terminar los últimos bocados del plato, que extraño, pero ya no recuerdo qué fue aquella comida. A las apuradas, como era costumbre, llamé un remís, me lavé los dientes y esperé, creo que no más de un minuto. Un bocinazo me hizo saber que el auto ya estaba en la puerta y me fui.
Muchos creerán que lo que cuento es sólo producto de lo que después sucedió, pero yo sigo creyendo en que no existen coincidencias en estos momentos, que hay una especie de intuición, algo así como un sexto sentido y yo lo experimenté en más de una oportunidad, y estaba pasando otra vez.
Como dije antes, el remís estaba en la puerta y yo salí, entre apurado y corriendo, pero mis ojos se clavaron en los suyos. El estaba sentado en el sillón, creo que fue la única vez en mi vida que lo vi de esa manera, hacía pocos meses que ya no trabajaba y unas cuantas semanas que su vida había cambiado, sería ésta tal vez una nueva rutina que comenzaría a adoptar, no lo sé, pero allí estaba sentado y escuchando música, mientras cerré la puerta lo miré a los ojos y los suyos también me miraron fijamente. Todavía da vueltas por mi cabeza esa imagen y veo cómo la puerta se va cerrando lentamente y cómo su mirada queda en mis retinas por un buen rato.
El día transcurrió normalmente, por lo menos para mí. Terminé de trabajar, me subí al colectivo y, una hora después, estaba sentado en un pupitre intentando entender alguna declinación, aunque generalmente parecía estar ausente de esa clase. Esa tarde, cuando la profesora ingresó al aula, como solía hacerlo habitualmente, apagué mi celular.
Se iban pasando las horas, los lunes siempre fueron días largos, mientras intentaba resolver algunos ejercicios, había gente que intentaba comunicarse con migo, pero, como ya dije antes, mi celular estaba apagado. Todavía no sé, pero creo estar seguro de que fue mejor así, a veces me pregunto qué hubiera pasado si de repente sonaba el teléfono, atendía y me daban la noticia, igual siempre es mejor no pensar demasiado en lo que hubiera pasado, sino más bien en lo que efectivamente pasó.
Cuando Alfredo ingresó en el aula y me dijo que me buscaban en la puerta no entendía nada, quién podría buscarme, para qué. No sé, pero una extraña sensación me invadió en ese momento, bajé los cuatro pisos por las escaleras, intrigado, pero sin temores, aunque a penas giré en el último tramo de la escalera y los vi ahí parados, entendía aún menos que cuando el bedel entró a buscarme. Los últimos escalones los bajé despacio, preguntando qué pasaba.
Federico fue directo, no dudó al decirme la verdad. Yo me quedé callado por unos cuantos segundos, no sabía qué decir, qué hacer, cómo reaccionar. Uno nunca sabe qué es lo que se debe o no en estos casos. Todas las imágenes de ese medio día se me volvieron de repente una película.
Uno siempre lamenta la muerte, sobre todo cuando a uno lo toma de sorpresa, cuando no se ha tenido el tiempo o el coraje de decir ciertas cosas y más aún cuando uno se queda pensando. Aquella puerta cerrando y esos ojos me estaban diciendo algo y creo que de todas sus miradas será la que guarde por siempre en mi memoria.