lunes, 29 de agosto de 2011

MEMORIA


Será mi voz mil voces

que griten tan fuerte

como el llanto inicial.

Y recorrerá mi amor

el amor de aquellos

que me vieron caminar

bajo el mismo sol,

bajo el mismo andar

de este instante

que es la vida.

Y no será el tiempo

carencia

de mis pasos,

de mi luz,

de mi esperanza.

Y será la memoria,

hoy como ayer,

hoy como mañana,

quien rescate mi nombre

del olvido,

de la ausencia.

martes, 9 de agosto de 2011

2000 VISITAS ! ! !

Una vez más celebro porque las visitas en el BLOG acaban de superar las 2000 (dos mil)!!! Las más numerosas: Argentina, España, Estados Unidos, México, Alemania, Italia, Colombia, Perú, Uruguay, Chile… Las más extrañas: Bielorrusia, Japón, China, Eslovaquia, El Salvador… Las más recientes: Bolivia, Paraguay, Canadá, Suiza… GRACIAS POR SEGUIR VISITANDO ESTE ESPACIO DE EXPRESIÓN (Christian)

lunes, 8 de agosto de 2011

LEJANO


De repente vuelves

y tu presencia

me acerca

a un dolor olvidado,

a una ausencia

recurrente,

y sin embargo tu recuerdo

es cada vez más lejano.

domingo, 10 de julio de 2011

SILENCIOS (fragmentos del libro)


Me pierdo en las palabras.

Pierdo mis palabras.

Extravío palabras.

Las olvido,

las desecho,

las dejo,

las borro,

las tiro,

la hago silencio

en el silencio mismo

que me envuelve.

...........................................

Y es que el silencio atrapa

cuando se escapan las palabras.

Y ya no volverán a su lugar,

ya no sonarán como lo hacían,

y es que es silencio,

y es que es encierro,

y no es decir,

y no es mentir,

y no es.

.......................................................

Qué ingrato silencio silencia mi alma

que viaja con penas

buscando quietud,

buscando esperanzas.

¡Qué llene el silencio instalado!

¡Qué brote la calma!

..................................................................

El único silencio que no calla

es aquel que grita la injusticia,

de la pena del hambre

del niño que pierde en la esquina,

del joven que insiste en lo incierto,

del hombre que teme el desencuentro

o el encuentro repentino de la muerte.

martes, 21 de junio de 2011

ANTE TUS OJOS


En un mundo

lleno de anhelos perdidos,

vaciado de deseos,

empeñado en palabras

que se pronuncian

para no ser cumplidas.

Con esta soledad que acecha

que se cuelga de mis pensamientos

e interrumpe cada idea

que intenta ser palabra.

Es un puñado de recuerdos

que vuelven de tanto en tanto,

que trepan y se aferran

como un cruel presente

que duele

y me acaricia

el alma.

Con todas las miradas

clavadas en mis ojos

que dicen y no dicen,

que intentan y no intentan,

que miran y no miran,

sentencio a mi silencio

a que intente pronunciar

vocablos que no hablen

de esa sórdida verdad

que no se pronuncia

ante tu ojos.

AMANECER


Y es que un día amaneceré

rodeado de voces y fantasmas,

de aquellos desencuentros

que vuelven a envolverme

e intentan seducirme.


Amaneceré sin saber

lo que se siente al perder,

lo que se pierde al sentir,

lo que se gana,

lo que se olvida.


Lo que se gana

es tan poco,

lo que se pierde

se olvida,

lo que se siente

te cubre,

te espanta.


Como aquellos fantasmas.

Como las voces que invaden

cuando amanece.

WILLY


Willy suele estar contento, así lo manifiesta constantemente: cuando le sirven la merienda, cuando le dan un lápiz para dibujar.
Cada vez que le preguntan, sin dudar, él afirma “¡estoy contento!”, y debo aclarar que todo esto desde mucho antes que algún jugador de fútbol hubiera protagonizado cualquier publicidad.
A Willy le gustan las revistas, sobre todo las que traen imágenes de autos y modelos. Él siempre pide revistas, puede pasar horas hojeándolas y cada vez que se asombra con algo lo anuncia, más aún cuando predomina el rojo en las imágenes, porque a Willy le encanta el color rojo, los autos rojos, los vestidos rojos, los zapatos rojos, las remeras rojas y sin embargo no es de independiente!
Willy tiene mamá, dos hermanos y un sobrino, a veces no sé muy bien si él sabe que los tiene. Su mamá siempre lo lleva del brazo porque él tiene algunas dificultades para andar, aunque muchas veces va y viene solo, mucho más cuando persigue a los tantos chiquitos que lo buscan para jugar y aunque Willy tiene casi 30 años, disfruta de esas correrías.
A veces me pregunto qué será de Willy en algún tiempo, qué pasará cuando Rita ya no pueda cuidarlo o ayudarlo en sus tareas cotidianas. A veces también me pregunto qué sentirá Rita al respecto.
Hoy, sin embargo, prefiero escuchar a Willy que con una gran sonrisa vuelve a soltar al viento esas lindas palabras para dejar en claro que no es más que un niño feliz, más allá de cualquier dificultad.

en "Sie7e Historias que buscan ser leídas" (2012)

martes, 24 de mayo de 2011

EL SALUDO DE LUISA

Como todos los días, Luisa se sentó en la puerta de su casa y saludó contenta a las personas que pasaban en el colectivo. Muchos levantaban la mano, otros dejaban escapar una sonrisa, había quienes solían mover sus cabezas como símbolo de una respuesta al brazo levantado. Estaban también aquellos que indiferentes clavaban sus miradas en aquella imagen u otros que giraban sus cabezas haciéndose los desentendidos.

Su mamá solía despertarla temprano y Luisa, que esperaba ansiosa llevar su silla a la vereda, se preparaba como para ir a una fiesta: ropa bien planchada, zapatos brillosos, pelo estirado lo más firmemente posible y un moño de color rosa que sujetaba su cabello.

El ritual comenzaba después del desayuno y le tomaba todo el tiempo que transcurría hasta la hora del almuerzo. Desde que terminaba la comida hasta que su madre le daba una señal de aceptación a su salida diaria, Luisa caminaba impaciente por toda la casa y ensayaba poses y caras con las que luego saludaría.

Ella sabía muy bien que cuando la aguja más chica del reloj de la cocina llegaba al cuatro y la grande al doce, era momento de acercarse a la puerta, llevando consigo su silla, y hacer algún ruido para que su mamá se acerque y gire la llave que cuelga de la puerta, le dé un beso y la mire salir. Así es todas las tardes.

La mamá de Luisa es una mujer alta, no tanto como hace algunos años, es amable, siempre con buen humor, pero su rostro refleja el tiempo, el cansancio y una larga vida al cuidado de su hija. Nunca se impacienta, nadie jamás la escuchó levantar la voz, mucho menos explayar una negativa ante los pedidos de su hija, una gigante niña de 30 años que comenzó a hablar cuando a penas había cumplido 22, pero para quien el tiempo se detuvo unos pocos meses después de haber cumplido cinco años.

(del libro “Situaciones”)

jueves, 19 de mayo de 2011

INMOVIL


Hacía horas que se escuchaba la radio y el perro que ladraba insistente. Las luces seguían apagadas aunque la tarde ya había caído. Nadie se acercó porque a nadie podía parecerle extraña esta situación.

Deben haber pasado, por lo menos, dos horas cuando escuché pasos en el patio, seguramente Margarita estaba descolgando la ropa, solía hacerlo todas las tardes, más o menos, a esa hora. Intenté llamarla, pero algo impedía que mi voz pronunciara alguna palabra. Fue raro que no me pidiera que encienda la luz, seguramente creyó que estaba durmiendo o, tal vez, aún no estaba tan oscuro.

Desde mi posición podía escuchar varias cosas. El vecino le gritó al perro que seguía con su ladrido, creo que hacía unos minutos que perseguía a un gato, no sé muy bien, de eso no decía nada, aunque sí lo retaba por el desorden que parece había provocado.

No sé cuánto tiempo habría pasado, ya hacía rato que había perdido la noción del tiempo y seguramente estaba dormido porque de repente sentí la puerta del pasillo y el perro que otra vez corría y ladraba, y fue como despertar. Era evidente que alguien había llegado. Escuché voces que se acercaban, la voz de Margarita era una. El comportamiento del perro no era el habitual de cuando llega alguien conocido. Pensé en el jardinero o el albañil, pero también supuse que la hora no era la adecuada para que esas personas llegaran.

Estaban en el patio, o entrando. Una vez más intenté llamar a Margarita, pero mi voz seguía como antes, no emitía sonido.

De repente se abrió la puerta, todo era oscuridad asíque no podía más que escuchar. Sentí una mano en mi cara, dos dedos fríos en el cuello, vi una luz en mi ojo derecho, luego en el izquierdo y una voz que dijo: “lo vamos a tener que llevar”.

domingo, 15 de mayo de 2011

MONTEROS


Melancolías pasadas,

Olores y sabores

Nutridos por el tiempo.

Tengo en mi memoria

Enormes emociones

Regadas de colores que

Oprimen en mi alma

Secretos que se escapan.

Tierra de añoranza

Unica en recuerdos

Como una esperanza que

Une a mis entrañas

Más que una mirada,

Ansias de palabras,

Nostalgias de algún tiempo.

domingo, 1 de mayo de 2011

SILENCIO!


silencio!

que hay poetas

que hablan de tristezas,

de inquietantes soledades

que desbordan en el alma

de alguna mujercita

a orilla de algún río

cargado de nostalgias

de un lejano tiempo

que remonta a niñerías

o a la luz de aquella luna

que invita al desconsuelo

de la repentina pérdida

del amor o de la vida

o a la desventura

del recuerdo de los ojos,

de una mirada,

de varios suspiros,

de una extraviada pasión alocada

que conduce sin calma

al fatídico destino.

CUANDO TE VEO


Cuando te veo

empiezo a sentir

que soy tan pequeño en el mundo

y lo poco que puedo entender

del misterio escondido,

del silencio instalado

en tu alma.

Y es mi sentir

a la vez tan extraño

que sólo al mirarte

se posa en mis ojos

la extraña esperanza

de lograr encender

tu curiosa mirada

de mujer.

Y surge en mis sueños

el anhelo de ser

tan sólo un instante

de algún amanecer,

o el recuerdo surgente

en el silencio

de un atardecer

cargado de oquedad

o ser el propio final

de esa soledad

que hunde

en un sórdido mundo

que se hace cada vez

más profundo

y más esquivo

de la vida.

sábado, 30 de abril de 2011

NOTICIAS

Nunca me costó tanto llegar a destino, pero parece que al destino no se le complica abordarme cuando lo cree necesario.

Llegué a Córdoba por casualidad, la ruta era maravillosa, el clima acompañaba mi andar, pero no siempre todo es perfecto y las máquinas suelen fallar tanto como los hombres.

Creo que faltaban pocos minutos para el mediodía cuando tuve la necesidad de consultar a un entendido en el tema, no fue tarea sencilla buscar un mecánico en una inmensa ciudad en la cual jamás había estado antes, era como, quien dice, buscar una aguja en un pajar.

Si hay algo que aprendí viajando es que preguntando siempre se llega y fue así, pregunta a uno y otro, unas cuantas vueltas por calles desconocidas, más preguntas, “buen día señor”, “disculpe señora”, “eh, muchacho”, uf cuantas vueltas para encontrar un lugar que no sabemos en dónde queda. Finalmente di con la persona indicada.

Gustavo aseguró que el problema podría variar de leve a grave, pero para saberlo tendría que desarmar algunas cosas, para ello no menos de dos días serían necesarios. De aquí en más es una cuestión de confianza ciega, dejar el auto en un lugar desconocido con el aliciente de venir de una ciudad aturdida con la inseguridad y la desconfianza. ¿Cuál es la otra opción? No hay otra opción, es esta la única que hay y no queda más que tomarla.

La primera noche fue terrible, no se puede dejar de pensar en lo que podría suceder. La imaginación y las situaciones posibles empiezan a circular, no sólo en mi cabeza, todo aquel que sabe y se entera de los hechos también pone su cuota. Las pocas horas dormidas son invadidas por sueños bastante sugestivos: robos, incendios, choques, destrucción total, el seguro no responde…

Así y todo por la mañana me encargo de conseguir un mapa y recorrer los puntos más destacados de la ciudad: museos, ruinas, bares, edificios emblemáticos, iglesias. Aunque, en todo momento, sigue presente, como un recuerdo recurrente, cuál será la relación de Gustavo (?) y el auto, si es que éste último aún existe, si es que en el momento oportuno, y luego de tantas vueltas, encuentro el camino por dónde llegar a encontrarlo. No suele ser sencillo, de hecho no lo fue, como dije antes, cada persona que se entera de la realidad aporta un nuevo miedo a mis días, y entonces llegan las preguntas y las supuestas y posibles situaciones.

Gustavo me dio una tarjeta con sus datos, me dibujó un croquis de cómo llegar al taller, me anotó qué colectivo me lleva hasta la esquina de su casa. La desconfianza generada por los nuevos y los viejos conocidos es proporcionalmente creciente a medida que transcurren las horas y los comentarios. Y si entonces los datos de la tarjeta son falsos, y si tomo el colectivo indicado y nunca encuentro el taller, y si llego al lugar y ya no hay ni auto, ni taller, ni Gustavo trabajando, y si y si y si…

De todas maneras oculto mi ansiedad y dejo pasar el tiempo estipulado. A la mañana siguiente pregunto en dónde es la parada. Entonces, por la tarde, como habíamos quedado, me subo al colectivo, me siento en el anteúltimo asiento del lado de la ventanilla, observo cada detalle del viaje, intento reconocer casas, esquinas, negocios y simultáneamente pienso las posibles reacciones si se cumpliera alguna de las situaciones pensadas anteriormente. Me acerco cada tanto al chofer y le pregunto por la dirección, que si falta mucho, que si es el transporte correcto, que por favor me avise y mientras tanto se oscurece la zona y veo cada vez menos y los temores asechan cada vez más y se me vienen a la cabeza los noticieros, los carteles rojos de Crónica, y robos y asaltos y asesinatos, y vuelvo a acercarme al chofer, ya con miedo de haberme pasado, pero no, me dice que en la parada siguiente.

Bajo del colectivo, camino hasta la esquina, cruzo, estoy a media cuadra, sale una luz desde el taller, se refleja en la vereda. Gustavo está allí afuera, me ve venir, entra al taller. “Todos mis miedos se hacen realidad”, pienso. Miro para todos lados, observo hacia dónde voy a ir, a quién le voy a pedir ayuda, vuelven Crónica y TN y C5N y música de flash y hasta escucho al locutor diciendo la noticia. Me paro en la puerta del taller, el sudor me corre ya por el cuerpo, de repente aparece Gustavo.

“Hola”, me saluda, me estrecha su mano, “lo tuyo está listo”, afirma. Me dice cuánto es, saca el auto, me entrega las llaves y en 15 minutos estaba otra vez en la ruta. “Y así vivimos, siempre creyendo en lo que dicen las noticias”, reflexioné.

jueves, 10 de marzo de 2011


Después de un tiempo

se olvidan las voces,

se escapan las miradas,

se desvanecen los rostros

de aquellos que ya han partido,

mas el recuerdo y los sentidos

escarban incesantes

buscando el último destello,

el fin de la existencia,

la esencia primordial.

Y de repente

vuelven las palabras

y golpean desesperadas

y no puedo evitar sentir

que recupero del olvido

cada mirada,

cada caricia.

ERRANTES

Andan las nubes

como mis pensamientos.

Son los caminos

como mi soledad.

Corre el río

y lleva un murmullo

como nuevas palabras

que se me desprenden

por antiguas penas que renacen,

como ancestrales luchas que regresan

por viejos lamentos

que vuelven por las mismas calles

que son como la soledad

de mis pensamientos.