domingo, 27 de junio de 2010

ULTIMO DIA


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Aquella mañana me desperté tarde, pero sin apuros preparé mis cosas, busqué la ropa que me pondría, me di una ducha rápida y fui a almorzar a la casa de mamá, como todos los lunes. No podré olvidar ese momento, no me di cuenta, pero después de lo sucedido quedó grabado en mi memoria ese instante, al igual que otros de ese mismo día.
Tal vez hacía meses que no lo veía con ganas de hacer cosas, esa misma mañana se ofreció a ir a la panadería, me avisó que volvía en seguida para que esperara el pan y fue así, creo que no debe haber demorado más de dos o tres minutos. También resuenan en mis oídos cuando mamá le dijo que le habían dado mal el vuelto. Esa tarde recordé estos momentos, no sabía bien por qué.
Los minutos se pasaron, mientras miraba la tele intentaba terminar los últimos bocados del plato, que extraño, pero ya no recuerdo qué fue aquella comida. A las apuradas, como era costumbre, llamé un remís, me lavé los dientes y esperé, creo que no más de un minuto. Un bocinazo me hizo saber que el auto ya estaba en la puerta y me fui.
Muchos creerán que lo que cuento es sólo producto de lo que después sucedió, pero yo sigo creyendo en que no existen coincidencias en estos momentos, que hay una especie de intuición, algo así como un sexto sentido y yo lo experimenté en más de una oportunidad, y estaba pasando otra vez.
Como dije antes, el remís estaba en la puerta y yo salí, entre apurado y corriendo, pero mis ojos se clavaron en los suyos. El estaba sentado en el sillón, creo que fue la única vez en mi vida que lo vi de esa manera, hacía pocos meses que ya no trabajaba y unas cuantas semanas que su vida había cambiado, sería ésta tal vez una nueva rutina que comenzaría a adoptar, no lo sé, pero allí estaba sentado y escuchando música, mientras cerré la puerta lo miré a los ojos y los suyos también me miraron fijamente. Todavía da vueltas por mi cabeza esa imagen y veo cómo la puerta se va cerrando lentamente y cómo su mirada queda en mis retinas por un buen rato.
El día transcurrió normalmente, por lo menos para mí. Terminé de trabajar, me subí al colectivo y, una hora después, estaba sentado en un pupitre intentando entender alguna declinación, aunque generalmente parecía estar ausente de esa clase. Esa tarde, cuando la profesora ingresó al aula, como solía hacerlo habitualmente, apagué mi celular.
Se iban pasando las horas, los lunes siempre fueron días largos, mientras intentaba resolver algunos ejercicios, había gente que intentaba comunicarse con migo, pero, como ya dije antes, mi celular estaba apagado. Todavía no sé, pero creo estar seguro de que fue mejor así, a veces me pregunto qué hubiera pasado si de repente sonaba el teléfono, atendía y me daban la noticia, igual siempre es mejor no pensar demasiado en lo que hubiera pasado, sino más bien en lo que efectivamente pasó.
Cuando Alfredo ingresó en el aula y me dijo que me buscaban en la puerta no entendía nada, quién podría buscarme, para qué. No sé, pero una extraña sensación me invadió en ese momento, bajé los cuatro pisos por las escaleras, intrigado, pero sin temores, aunque a penas giré en el último tramo de la escalera y los vi ahí parados, entendía aún menos que cuando el bedel entró a buscarme. Los últimos escalones los bajé despacio, preguntando qué pasaba.
Federico fue directo, no dudó al decirme la verdad. Yo me quedé callado por unos cuantos segundos, no sabía qué decir, qué hacer, cómo reaccionar. Uno nunca sabe qué es lo que se debe o no en estos casos. Todas las imágenes de ese medio día se me volvieron de repente una película.
Uno siempre lamenta la muerte, sobre todo cuando a uno lo toma de sorpresa, cuando no se ha tenido el tiempo o el coraje de decir ciertas cosas y más aún cuando uno se queda pensando. Aquella puerta cerrando y esos ojos me estaban diciendo algo y creo que de todas sus miradas será la que guarde por siempre en mi memoria.

4 comentarios:

Karina Ocampo dijo...

Me estremecí al leerlo. Todo aquel que perdió a un ser tan querido y cercano puede comprender ese momento en el que la vida se transforma en muerte. Un beso grande!!

Cultura Desde el Pie dijo...

El 8 de mayo pero de 2004 y en circunstancias diferentes, murió mi mamá. Gracias Christian por ayudarme, a través de tu recuerdo, a hacerle un pequeño y silencioso homenaje.
María Victoria

Cultura Desde el Pie dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Patricia Candelino dijo...

Cuantas imagenes me invadieron la mente al leer tus palabras,volver a recordar a mi viejo la ultima vez que lo vi, que nunca le habia dado de comer y ese dia yo lo estaba acompañando y solo un par de bocados, no queria comer se estaba apagando la vida, te extraño viejo!!!